Coalición tarsal
Una coalición tarsal es una unión anómala entre dos o más huesos del pie que se produce durante el desarrollo antes del nacimiento. Puede limitar la movilidad del pie y provocar dolor, pie plano rígido o esguinces de tobillo repetidos. Aunque puede permanecer asintomática durante años, suele manifestarse al final de la infancia o durante la adolescencia, cuando la unión entre los huesos se hace más rígida.
- Edad habitual
- 8–16 años
- También llamado
- Barra tarsal · Coalición calcaneonavicular · Coalición astragalocalcánea
Qué es
Los huesos del tarso forman la parte posterior y media del pie y permiten que este se adapte al terreno durante la marcha, la carrera y el deporte. Para que el pie funcione correctamente, estos huesos deben mantener una relación adecuada y disponer de movilidad entre sí.
En ocasiones, durante el desarrollo embrionario, dos huesos del tarso no se separan completamente. Se forma entonces una unión anómala, denominada coalición tarsal, que puede estar constituida por tejido fibroso, cartílago o hueso. Esta alteración es congénita, aunque no siempre produce síntomas durante los primeros años de vida.
Las coaliciones más frecuentes son la calcaneoescafoidea, entre el calcáneo y el escafoides tarsiano, y la astragalocalcánea o talocalcánea, entre el astrágalo y el calcáneo. La coalición puede limitar progresivamente la movilidad del retropié y alterar la mecánica normal de la marcha.
Se estima que alrededor del 1 % de la población puede presentar una coalición tarsal, aunque muchas nunca llegan a diagnosticarse porque no causan molestias. En los niños que desarrollan síntomas, estos suelen aparecer entre los 8 y los 16 años, coincidiendo con la maduración y osificación de la unión. Puede afectar a un solo pie o a ambos.
El diagnóstico y el tratamiento adecuados permiten aliviar los síntomas y mejorar la función del pie.
Señales que pueden notar los padres
Los síntomas varían según la localización y el tamaño de la coalición. Los más frecuentes son:
- Pie plano que no corrige al ponerse de puntillas: el arco plantar permanece aplanado y el retropié no recupera su movilidad normal.
- Dolor en el pie o alrededor del tobillo: especialmente durante la marcha, la carrera o la práctica deportiva.
- Rigidez del pie: dificultad para mover el retropié o caminar por terrenos irregulares.
- Esguinces de tobillo repetidos: pueden aparecer porque el pie pierde parte de su capacidad de adaptación al terreno.
- Cojera o limitación para hacer deporte: el niño puede evitar correr, saltar o participar en actividades que antes realizaba sin dificultad.
- Contractura muscular: en algunos casos, los músculos de la parte externa de la pierna presentan espasmos que modifican la posición del pie.
No todos los niños presentan todos estos síntomas. Un pie plano rígido, especialmente si se acompaña de dolor o esguinces recurrentes, debe hacer sospechar una posible coalición tarsal.
Cuándo consultar
Es recomendable solicitar una valoración por un especialista en ortopedia infantil cuando el niño presenta:
- Dolor persistente en el pie o el tobillo.
- Pie plano que no recupera su forma al ponerse de puntillas.
- Rigidez o limitación de la movilidad del retropié.
- Esguinces de tobillo repetidos.
- Cojera o dificultad para caminar, correr o practicar deporte.
¿Cuándo es urgente?
La mayoría de las coaliciones tarsales no constituyen una urgencia médica. Sin embargo, si aparece dolor intenso de forma repentina, imposibilidad para apoyar el pie, fiebre con enrojecimiento o hinchazón importante, es necesaria una valoración médica urgente para descartar otras causas.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico requiere una exploración clínica y pruebas de imagen que permitan identificar la coalición, conocer su extensión y valorar la deformidad asociada.
Exploración clínica
Se estudian la forma del pie en carga, la altura del arco plantar, la movilidad del retropié y la capacidad de corregir el valgo del talón al ponerse de puntillas. También se evalúan la marcha, la movilidad del tobillo, las posibles contracturas musculares y la localización del dolor.
Radiografías
Las radiografías del pie, habitualmente en carga, permiten valorar la alineación de los huesos y detectar signos que sugieran una coalición. Según el tipo y la localización, algunas uniones pueden resultar difíciles de identificar mediante radiografía convencional.
Tomografía computarizada (TC)
La TC permite estudiar con detalle la anatomía ósea, definir la localización y extensión de la coalición y valorar las articulaciones afectadas. Es especialmente útil para planificar una intervención quirúrgica cuando existe una unión ósea.
Resonancia magnética (RM)
La RM permite identificar coaliciones fibrosas o cartilaginosas y estudiar los tejidos blandos, el cartílago y las posibles alteraciones asociadas, sin utilizar radiación ionizante.
La elección de las pruebas depende de la exploración y de la sospecha clínica. No todos los pacientes necesitan realizarse todas ellas.
Tratamiento
El tratamiento depende de la intensidad de los síntomas, la localización y el tamaño de la coalición, la edad del paciente, el grado de deformidad y el estado de las articulaciones vecinas. No todas las coaliciones necesitan cirugía: cuando no provocan dolor ni limitación funcional, puede ser suficiente con seguimiento clínico.
Tratamiento conservador
El objetivo del tratamiento conservador es aliviar el dolor, reducir la sobrecarga sobre la zona afectada y mejorar la función del pie.
Puede incluir:
- Modificación temporal de la actividad: reducir durante unas semanas las actividades de impacto que desencadenan dolor, como correr y saltar.
- Plantillas y adaptación del calzado: pueden mejorar el confort y distribuir las cargas, aunque no eliminan la unión anómala entre los huesos.
- Inmovilización temporal: en pacientes con dolor significativo puede indicarse una bota ortopédica o un yeso durante un periodo limitado para reducir la irritación de la zona.
- Tratamiento farmacológico: analgésicos o antiinflamatorios cuando estén indicados por el médico.
- Fisioterapia: puede ayudar a recuperar la función y tratar las contracturas asociadas, adaptándose a la movilidad disponible.
Si los síntomas persisten o reaparecen a pesar de estas medidas, debe valorarse la indicación de tratamiento quirúrgico.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía se considera cuando existe dolor persistente, limitación funcional o dificultad para realizar las actividades habituales, a pesar de un tratamiento conservador adecuado.
La técnica se selecciona de forma individualizada según la anatomía de la coalición y el estado de las articulaciones.
1. Resección de la coalición tarsal
Consiste en eliminar la unión anómala entre los huesos con el objetivo de recuperar o mejorar la movilidad del retropié y aliviar el dolor. En determinados casos se interpone tejido entre las superficies resecadas para reducir el riesgo de que vuelvan a unirse.
La resección puede estar indicada en coaliciones calcaneoescafoideas o talocalcáneas seleccionadas, siempre que las características de la coalición y el estado de las articulaciones permitan preservar su función.
2. Corrección del pie plano asociado
La resección de la coalición no siempre corrige la deformidad del pie. Si existe un valgo importante del retropié o un pie plano estructural que contribuye al dolor, puede ser necesario asociar procedimientos de reconstrucción, como osteotomías del calcáneo u otras técnicas de realineación ósea.
3. Artrodesis en casos seleccionados
En coaliciones extensas, deformidades graves o situaciones con afectación articular degenerativa, puede ser necesario valorar una artrodesis. Este procedimiento fusiona de forma controlada una o varias articulaciones para aliviar el dolor y mejorar la alineación, a costa de reducir la movilidad de las articulaciones fusionadas.
La intervención se realiza habitualmente bajo anestesia general, con un plan de analgesia adaptado al paciente. Según la técnica, la edad y los protocolos del centro, puede requerir ingreso hospitalario o realizarse mediante cirugía ambulatoria. La decisión se individualiza para cada niño.
Evolución y recuperación
La recuperación depende de la técnica quirúrgica, la localización de la coalición y la necesidad de corregir una deformidad asociada.
- Primeras semanas: se controla el dolor y se protege el pie mediante un yeso o una bota, según la intervención.
- Carga y apoyo: después de la cirugía puede ser necesario evitar el apoyo durante varias semanas. El momento de iniciar la carga depende de la estabilidad de la reconstrucción y de la consolidación ósea.
- Vuelta al colegio: muchos niños pueden reincorporarse cuando el dolor está controlado y pueden desplazarse de forma segura, incluso con muletas si es necesario. En procedimientos complejos, la vuelta puede requerir más tiempo.
- Fisioterapia y recuperación funcional: una vez que el cirujano lo autoriza, se inicia la recuperación progresiva de la movilidad, la fuerza y la marcha.
- Regreso al deporte: suele requerir varios meses y debe autorizarse cuando la recuperación clínica y, si procede, radiológica sea adecuada.
El seguimiento permite comprobar la evolución del dolor, la movilidad, la alineación del pie y la consolidación ósea cuando se ha realizado una osteotomía.
En muchos pacientes seleccionados, el tratamiento quirúrgico consigue aliviar el dolor y mejorar la función. No obstante, la recuperación completa puede llevar varios meses y los resultados dependen de las características de cada coalición.
La Dra. Laura Corominas Francés, especialista en ortopedia infantil y pie y tobillo pediátrico, realiza la valoración de las deformidades del pie, incluido el pie plano rígido asociado a coaliciones tarsales. El objetivo es identificar la causa de los síntomas y ofrecer un tratamiento individualizado, desde las medidas conservadoras hasta la resección de la coalición y la reconstrucción del pie cuando están indicadas.
La información de esta página es orientativa y no sustituye la valoración de un especialista. Si te preocupa el pie de tu hijo, pide cita conmigo.