Tendinopatía aquílea en niños y adolescentes
La tendinopatía aquílea es un problema del tendón de Aquiles, la estructura que conecta los músculos de la pantorrilla con el hueso del talón. En niños y adolescentes puede relacionarse con una sobrecarga deportiva, un aumento brusco del entrenamiento o una tensión excesiva de la musculatura posterior de la pierna. El tratamiento suele ser conservador. Es importante distinguirla de la enfermedad de Sever, que afecta a la apófisis calcánea y no al tendón.
- Edad habitual
- Principalmente adolescentes deportistas
- También llamado
- Tendinopatía del tendón de Aquiles · Tendinitis aquílea · Dolor en el tendón de Aquiles
Qué es
El tendón de Aquiles es el tendón más potente del cuerpo. Une los músculos gemelos y sóleo con el calcáneo y transmite la fuerza necesaria para impulsarnos al caminar, correr, saltar o ponernos de puntillas.
La tendinopatía aquílea aparece cuando el tendón no tolera adecuadamente las cargas a las que está sometido y desarrolla dolor y alteraciones en su estructura. Aunque se utiliza con frecuencia el término tendinitis, en los cuadros persistentes no siempre existe una inflamación propiamente dicha; por ello, el término tendinopatía es más preciso.
En adolescentes que practican deporte, puede relacionarse con un aumento rápido de los entrenamientos, carreras y saltos repetidos, recuperación insuficiente entre sesiones o tensión de la musculatura posterior de la pierna. Un acortamiento del complejo gemelo-sóleo puede contribuir a aumentar la tensión sobre el tendón, aunque no es la única causa.
La tendinopatía aquílea es menos frecuente en niños que en adultos. Durante el crecimiento, el dolor en la región posterior del talón puede proceder de la apófisis calcánea, donde se inserta el tendón de Aquiles. Esta alteración, conocida como enfermedad de Sever, requiere una valoración diferenciada porque su origen y las pautas de tratamiento no son exactamente los mismos. En niños más pequeños, el dolor en la parte posterior del talón debe hacer considerar especialmente la enfermedad de Sever.
Señales que pueden notar los padres
Los síntomas pueden incluir:
- Dolor en la parte posterior del tobillo o a lo largo del tendón de Aquiles.
- Molestias al correr, saltar, subir escaleras o ponerse de puntillas.
- Dolor al comenzar el entrenamiento o después de realizar actividad deportiva intensa.
- Sensibilidad al tocar el tendón o la zona próxima a su inserción en el talón.
- Rigidez matutina o sensación de tirantez en la pantorrilla.
- Disminución del rendimiento deportivo o necesidad de interrumpir el entrenamiento.
En ocasiones puede aparecer un engrosamiento localizado del tendón. Sin embargo, el dolor en la parte posterior del talón sin sensibilidad a lo largo del tendón puede corresponder a una enfermedad de Sever u otra causa.
Cuándo consultar
Es recomendable consultar con un especialista si el dolor persiste, limita el deporte o reaparece cada vez que el niño retoma la actividad.
Conviene solicitar una valoración cuando:
- El dolor no mejora al reducir temporalmente la carga deportiva.
- El niño cojea o tiene dificultades para caminar o ponerse de puntillas.
- Existe hinchazón o engrosamiento localizado del tendón.
- Las molestias aparecen también en reposo o durante la noche.
- El dolor se repite durante varias semanas o limita progresivamente la actividad.
¿Cuándo es urgente?
Es necesaria una valoración urgente si aparece un dolor brusco e intenso durante un salto o una carrera, se percibe un chasquido, existe una pérdida repentina de fuerza para impulsar el pie o el niño no puede ponerse de puntillas. Estos síntomas pueden indicar una lesión importante del tendón u otra lesión aguda.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico se basa en la historia clínica y la exploración física. El especialista pregunta por la actividad deportiva, los cambios recientes en los entrenamientos, la localización del dolor y su evolución.
Durante la exploración se palpa el tendón de Aquiles para identificar la zona dolorosa, se evalúa su continuidad y se comprueban la movilidad del tobillo, la fuerza de la pantorrilla y la capacidad para ponerse de puntillas. También se valora la longitud del complejo gemelo-sóleo y la mecánica del pie.
Las pruebas de imagen no son necesarias en todos los casos. La ecografía puede ayudar a estudiar la estructura del tendón cuando existe sospecha de tendinopatía. La resonancia magnética se reserva para situaciones seleccionadas, como dolor persistente, sospecha de lesión importante o dudas diagnósticas. Las radiografías pueden ser útiles si se sospecha una alteración ósea o una enfermedad de la apófisis calcánea.
En los niños en crecimiento es fundamental diferenciar la tendinopatía aquílea de la enfermedad de Sever, así como descartar lesiones por sobrecarga y otras causas de dolor en el talón.
Tratamiento
Tratamiento conservador
La mayoría de los casos mejora con un tratamiento no quirúrgico. El objetivo es reducir la sobrecarga del tendón y recuperar progresivamente su capacidad para soportar las exigencias de la actividad diaria y deportiva.
1. Adaptación de la actividad
Se recomienda reducir temporalmente las carreras, los saltos y los ejercicios que provocan dolor. No siempre es necesario suspender todo el deporte: pueden mantenerse actividades alternativas que no generen molestias.
2. Fisioterapia y ejercicios específicos
La fisioterapia puede incluir ejercicios progresivos de fortalecimiento de la musculatura de la pantorrilla, recuperación de la movilidad y mejora del control de la carga. El programa debe adaptarse a la edad, al grado de dolor y al deporte practicado.
3. Estiramientos
Cuando existe acortamiento de la musculatura posterior de la pierna, los estiramientos suaves del gemelo y del sóleo pueden ser útiles. Deben individualizarse y evitarse si provocan dolor importante, especialmente cuando el problema puede estar localizado en la apófisis calcánea.
4. Calzado y soportes
Se recomienda utilizar calzado cómodo y adecuado para la actividad. En casos seleccionados, una elevación temporal del talón puede disminuir la tensión sobre el tendón, pero debe valorarse individualmente y no sustituye la rehabilitación.
5. Control de los síntomas
El frío local, aplicado con una tela durante unos 10–15 minutos, puede ayudar a aliviar las molestias después de la actividad. Si el dolor persiste, conviene revisar el diagnóstico y la progresión de los ejercicios antes de añadir otros tratamientos.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía es excepcional en niños y adolescentes con tendinopatía aquílea.
Solo se contempla en situaciones muy seleccionadas, con síntomas persistentes a pesar de un tratamiento conservador adecuado y después de confirmar el diagnóstico y descartar otras causas. La indicación depende de la lesión concreta y de la madurez esquelética.
No se recomienda operar una tendinopatía habitual ni realizar procedimientos de alargamiento del tendón únicamente por presentar dolor. Si existe un acortamiento importante del complejo gemelo-sóleo, debe determinarse si realmente contribuye al problema y si requiere un tratamiento específico.
Evolución y recuperación
El pronóstico suele ser favorable, aunque la recuperación depende de la gravedad de los síntomas, del tiempo de evolución y de la adaptación de la carga deportiva.
Como orientación general:
- Primeras 1–2 semanas: reducción de las actividades dolorosas y adaptación del entrenamiento.
- Durante las siguientes 2–6 semanas: recuperación progresiva de la movilidad y comienzo o progresión de los ejercicios de fuerza, según la respuesta clínica.
- Vuelta al colegio: habitualmente puede mantenerse, siempre que el niño pueda caminar sin dolor importante.
- Vuelta al deporte: cuando camina sin dolor, ha recuperado la fuerza y la movilidad necesarias y puede correr, saltar y realizar los gestos específicos de su deporte sin síntomas durante ni después de la actividad.
Los casos leves pueden mejorar en unas semanas, mientras que los cuadros persistentes pueden necesitar varios meses de rehabilitación. No existe un plazo único válido para todos los pacientes.
El retorno al deporte debe ser gradual. Si el dolor reaparece al aumentar la intensidad del entrenamiento, conviene reducir la carga y reevaluar el programa de recuperación.
La información de esta página es orientativa y no sustituye la valoración de un especialista. Si te preocupa el pie de tu hijo, pide cita conmigo.